¿Detendrán a supuestos “testigos” de accidente?

bravoCuando me enteré ayer martes de la detención de los peritos de Tránsito de Municipal de Boca del Río relacionados con el caso de María Josefina Gambora Torales, no pude ocultar mi sorpresa, no porque no encuentre razonable la acusación y la detención -pues si el gobierno y el juez sobre el caso ya han edificado una “verdad” que es la única “legalmente válida”, todo lo que vaya en contra de esta, sea congruente o no, automáticamente es susceptible de ser castigada por la vía penal- sino porque el caso escala otros niveles e incluso ello implicará detener a quienes sostienen su propia tesis, enredando aún más las cosas.

Me explico: las contradicciones en la investigación sobre el caso María Josefina Gamboa Torales no sólo radican en la parte acusada versus la representación de la víctima, sino a las propias partes involucradas.

Las contradicciones son, en cuanto a testimoniales, del mismo médico Tomás de la Rosa Hernández, del cabo de la marina Juan Miguel Mosqueda Lara y sobre todo, y de manera palmaria, de dos testigos: Miguel Hernández Fernández y Druso Hernández Hernández.

Transcribo la declaración con versión ortográfica del documento original de Drusso Hernández Hernández:Que en relación a los hechos que se están investigando, quiero señalar que el día de hoy en la madrugada como a las dos treinta de la mañana circulaba yo en mi automóvil de boca del río a Veracruz, venía en el carril pegado a la orilla hacia el mar y a la altura del morro, precisamente por el puente peatonal me rebasó un automóvil de color negro a gran velocidad por el lado izquierdo y luego vi que era un vehículo sentra a cierta distancia vi que una persona iba a cruzar el bulevar Miguel Alemán de la playa hacia el fraccionamiento El Morro. Yo no lo alcancé a golpear porque no estaba tan cerca, venía despacio yo, pero la persona que me rebasó sí lo impactó de frente del lado derecho y voló hacia el parabrisas de ese carro y lo aventó al camellón central. Quiero señalar que el accidente fue pasando el puente peatonal, mucho antes de llegar al oxxo, que después de que esta persona impactara al que venía cruzando se detuvo como a ciento cincuenta a doscientos metros y ví que se bajó una muchacha de estatura mediana, la cual pude alcanzar a ver porque se acercó caminando hacia donde había golpeado a la persona que estaba tirada y ví que se tambaleaba visiblemente en estado de ebriedad, ya que yo la tenía a una distancia de treinta metros de donde venía ella, además de que después de que ella atropelló a la persona yo me detuve para poder auxiliar y vi en eso que también se detuvo un taxista del lado contrario del bulevar este con rumbo a Boca del Río, quien también se acercó a ver los hechos, ya comentamos con la persona que estaba tirada en el suelo parecía que estaba muerta y optamos por retirarnos del lugar, pero después me enteré de que el taxista reportó el accidente a las autoridades, diciéndome el taxista que nos intercambiamos números telefónicos por cualquier cosa y el día de hoy por la tarde me enteré a través del taxista que la persona sí había fallecido y quien lo había atropellado al parecer pretendían dejarla libre porque aparentemente no había testigos que declararan como sucedieron los hechos y me dijo que él venía a declarar lo que había visto, que si yo podía y quería también podía hacerlo, que nos veíamos aquí en las oficinas del ministerio público de Boca del Río y que así lo hicimos y llegando a estas oficinas nos entrevistamos con los elementos de la policía ministerial”.
Transcribo declaración con versión ortográfica del documento original de Miguel Hernández Fernández: “Que en relación a los hechos que se están investigando quiero señalar que el día de hoy en la madrugada como a las dos y media o dos cuarenta de la mañana circulaba yo en el automóvil del servicio público taxi, de Veracruz a Boca del Río, con dirección a Boca del Río y a la altura del oxxo observo que un vehículo tipo sentra de color negro atropellaba a un joven que se atravesó la avenida, de la banqueta a la orilla de la playa hacia las casas de la colonia el morro, aventándolo hacia el camellón central, que después de esto me detuve al ver que pasaba esto y ví cuando el coche sentra se detuvo como a unos ciento cincuenta o doscientos metros y ví que se bajó una muchacha de ese carro, la cual al caminar hacia donde estaba el cuerpo se veía como tambaleaba por lo que supuse que estaba tomada, que yo me acerqué a la persona que estaba tirada en el suelo para ver si la podía auxiliar y en ese momento me encontré con otro señor que también vio los hechos el cual me comentó que al parecer el muchacho estaba muerto por lo que le dije que me diera su número celular por cualquier cosa, ya que ambos habíamos visto el accidente pero el día de hoy en la tarde supe que según iban a soltar a la chava que atropelló a este muchacho porque no había testigos de los hechos, por lo que le hablé al señor Drusso para comentarle eso y que si quería podía ir al ministerio público para declarar en relación a los hechos, por lo que nos pusimos de acuerdo y nos venimos a estas oficinas en donde elementos de la policía ministerial nos entrevistaron al saber que presenciamos los hechos, quiero señalar que la conductora del carro sentra venía sola y quiero señalar que yo la vía en el sentido opuesto a mi carril que como dije, iba a boca del río, pero si alcancé a ver que este carro venía a exceso de velocidad por lo que me imagino que no pudo evitar atropellar a esta persona porque venía duro esta chava conduciendo dicho carro”.

Los testimonios de los supuestos testigos directos e inmediatos de los hechos contradicen los mismos peritajes de la autoridad.

En primer término, el hecho de que el cuerpo de la víctima, José Luis Burela López, no cayó en el camellón de la avenida, como afirmaron ambos, sino en el carril central de la avenida, según los peritajes.

En segundo punto, Drusso Hernández Hernández y Miguel Hernández Fernández nunca pudieron estar a 150 o 200 metros de distancia del vehículo de María Josefina Gamboa Torales, pues el peritaje de la propia Procuraduría General de Justicia del Estado acreditó que la distancia entre el hallazgo del cadáver y su vehículo era de “ciento diez metros”. Y ambos taxistas aseguraron haberse detenido a revisar el cadáver.

Un tercer punto es que al menos Druso Hernández refirió haber visto a María Josefina Gamboa Torales a 30 metros, pero fue imposible que no la hubiera visto a menos de 10 metros para constatar “su caminar” hacia la persona que estaba en el suelo, tanto si él hubiera estado en un punto fijo de la avenida, paralelo al cuerpo, como si hubiera estado en desplazamiento en su vehículo, paralelo a María Josefina Gamboa Torales, puesto que el ancho de la avenida –sobre la cual supuestamente caminaba- es de 10.5 metros.

Finalmente, Drusso Hernández aseguró que el taxista Miguel Hernández reportó el hecho a las “autoridades”, después de retirarse del lugar, pero este –Miguel Hernández– no lo declara y tampoco hay registro de la autoridad al respecto.

Aunque sus testimonios y denuncias fueron importantes para dictar el auto de formal prisión a María Josefina Gamboa Torales por parte del juez e imputarle un probable delito, varios aspectos de las mismas contradicen a la propia autoridad.

Quizá la parte más relevante es en cuanto a la ubicación del cuerpo.

Si Drusso Hernández y Miguel Hernández afirmaron ser testigos directos e inmediatos de los hechos, así como los únicos en ese momento y que vieron la caída del cuerpo hacia el camellón, eso significa únicamente dos cosas: o que el peritaje de la Procuraduría General de Justicia del Estado fue erróneo y falso, en relación a la caída del cuerpo en la zona del segundo carril -y por lo que tanto habría responsabilidades para los peritos por un trabajo mal hecho- o que los supuestos testigos mienten y habría una presunción razonable de que alteraron la escena del crimen.

Si este fuera el caso, la Procuraduría, se esperaría, iniciaría una investigación y pediría una orden de aprehensión contra los supuestos testigos en razón del delito “contra la preservación del lugar de los hechos”, establecido en el artículo 347 del Código Penal de Veracruz, así como en relación a los delitos de falsedad ante la autoridad, contenido en el artículo 333.

Y no sólo eso, sino que en la hipótesis de que se trataran de testigos falsos y hubieran sido presentados por alguien o alguna autoridad, también habría responsabilidad penal, pudiendo incluso acumularse el delito de “falsas denuncias y simulación de pruebas”, que establece el 338.

El dilema para la Procuraduría es que de actuar contra dos testigos que sostienen su propia tesis, debilitaría la misma y podría derivar en otras consecuencias indeseables para su credibilidad y la del propio juez. El problema es que no hacerlo, tiene el mismo efecto.

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