La complejidad de la empresa periodística y la difícil situación de los periodistas veracruzanos I de II

expresionI de II/En el presente artículo intentaré simplificar, con los recursos informativos a mi alcance  -a grosso modo, porque el tema es mucho más complejo y técnico- algunas cosas relacionadas con la naturaleza de la empresa periodística y las relaciones con los periodistas, que a la luz de los recientes despidos de trabajadores de El Heraldo -empresa en la cual laboro- puedan resultar de interés público.

En primera instancia diré que la empresa periodística tiene una naturaleza singular que vista desde una perspectiva ordinaria, puede resultar incomprensible.

De entrada porque la empresa periodística, aunque tiene necesidades económicas como cualquier otra empresa para su autosuficiencia operativa,  no opera con la misma lógica del mercado económico.

Su producto, el producto informativo -ligado a la libertad de expresión-, está sometido a presiones de un actor económico y político que la hace especialmente sensible a sus vaivenes: el poder público, particularmente el gubernamental estatal.

Si una empresa periodística, por ejemplo, decidiera ejercer plenamente la libertad de expresión y el derecho a la información, en el contexto específico de Veracruz, estará sometida a un marco restrictivo de acceder a cualquier contrato legítimo comercial con el gobierno.

Y el problema no se reduce a eso, sino que las restricciones pueden abarcar el ámbito de la publicidad comercial que también tiene vínculos oficiales.

De tal manera que la empresa periodística está presionada por dos vías, por la reestricción del poder público y la que se hace indirectamente por la vía de la publicidad comercial. Eso limita sensiblemente el desarrollo de la empresa periodística.

No obstante, existe una vía por la cual la empresa periodística puede estar en condiciones de “sobrevivir”, esto es, la vía de hacerse rentable por sí misma, de ganarse lectores -hablando de un rotativo o una revista-, radioescuchas o televidentes.

He escuchado a muchas personas que ignoran las cuestiones del mercado periodístico decir que eso deberían hacer todas las empresas.  El asunto es que no es fácil, si se toma en cuenta los siguientes elementos: la necesidad de una inversión en infraestructura -que en un ratotativo puede superar el millón de pesos, mínimo, tratándose de un caso de muchísima austeridad (en los medios electrónicos es mayor)-, la disposición de un capital inicial para el gasto operativo de nómina y el plazo de la tasa de retorno de la inversión, que puede superar, de ser una empresa extraordinariamente competitiva, contar con el recurso humano de calidad y la dirección adecuada -como cualquier otro negocio, un restaurante, por ejemplo, para tener un buen producto-, a más de dos años, mínimo.

El punto es que la calidad del producto informativo y del recurso humano tampoco es un asunto menor. Disponer de un periodista calificado, fogueado, que haga posible un producto informativo de calidad, requiere de una inversión en capacitación y segundo, en remuneración económica. Contratar a un Diego Osorno, por ejemplo, no saldría en 5 mil, ni 7 mil, al mes, que es lo que pagan las empresas periodísticas como máximo en Veracruz, porque hay salarios más deprimidos. Y ello implica que el periodista no estaría sometido a la “maquila”  de hacer tres o cuatro notas diarias, como piden hoy en día las empresas informativas a sus trabajadores de la información. Una investigación de calidad podría llevar semanas o más de un mes, antes de verse publicada, de tal manera que una empresa periodística tendría que contar con una plantilla de varios “diegos osornos” si quiere brindar calidad y atraer lectores.

Incluso, si fuéramos más modestos y la empresa periodística apostara por los talentos veracruzanos, que los hay en abundancia a todo lo largo y ancho de Veracruz, y que lamentablemente no han tenido la oportunidad de descollar y explotar su potencial por las magras condiciones a las que están sometidos por sus empresas y del mismo poder público, sólo bastaría un elemento para volverse atractiva y rentable: garantizar su libertad de expresión y derecho a la información.

Aquí es donde volvemos al punto central de la discusión. ¿Hasta dónde se puede ejercer la libertad de expresión y el derecho a la información en Veracruz, descontando el tema económico? porque la presión hacia la empresa periodística, no es sólo económica, sino también política y de seguridad.

Por experiencia puedo decir que son dos ámbitos que en algunos casos puede tener un mayor peso en la “conducta” de la empresa periodística que incluso la económica. Ejercer los derechos de libre expresión e información, en contextos como el veracruzano y el mexicano, implica riesgos a la integridad, partiendo de la existencia de un poder semi autoritario aún vigente y la irrupción de un poder criminal que igualmente tiene una influencia real en las redacciones.

Podría darse el caso, porque se ha dado, que una empresa supere el escollo económico y después, deberá enfrentarse al político y subsecuente o paralelamente, al criminal, que limitarán significativamente sus posibilidades de desarrollo y por ende, de credibilidad y preferencia del público y por lógica, de supervivencia económica.

Recapitulemos: el producto informativo no es como cualquier producto dispuesto en el mercado, una televisión, un ipad o un costal de papas, que generan un lucro directo y tangible y pueden venderse a quien desee adquirirlo e incluso agotarse, porque el producto informativo no tiene un interés individual, sino social y democrático, de tal manera que una empresa periodística cuyo producto informativo sea la divulgación de un hecho de interés público -la divulgación de un acto de corrupción en el servicio público o un incendio- no puede, arbitrariamente, ser consumido o agotado por “el cliente”, supongamos, el gobierno de Veracruz, para evitar su difusión.

En este caso, la empresa periodística funge como mediadora del interés público porque hace del derecho a la información y de la libertad de expresión, su razón de ser y existir, pero ojo, no necesariamente esto se traduce en un beneficio o en un interés económico, porque difundir un hecho de corrupción o un incendio, pudiera ser leído por cinco mil personas -siendo muy optimistas-, pero no necesariamente implicará una ganancia económica suficiente para la empresa periodística que garantice su sobrevivencia operativa y le reporte alguna utilidad.

Aquí es donde podemos observar el siguiente fenómeno: la empresa periodística tiene una naturaleza mixta, no sólo puramente mercantil sino también un valor social y en ello estriba, su especial y relevante interés democrático.

Lamentablemente en países como México no existe un marco normativo especialmente garantista del funcionamiento de la empresa periodística y de los derechos de libre expresión e información, que son su razón de ser, porque la empresa periodística sigue constreñida a un ámbito puramente mercantil y no sólo eso, sino a un poder público que interfiere directamente en su desarrollo económico mediante reestricciones directas o indirectas, ante lo cual no existe derecho  que articule cualquier posible acción de la empresa periodística en su defensa o beneficio. ¿Cómo podría, por ejemplo, una empresa periodística exigirle al poder público el acceso a publicidad gubernamental y a no ser discriminada o excluida discrecionalmente cuando legítimamente pudiera demostrar que está en condiciones de recibirlo preferentemente a otras empresas con menor presencia o tiraje? ¿Cómo podría una empresa periodística exigir un derecho de este tipo, si existiera, si hay empresas periodísticas que tiran más de diez mil ejemplares producto del subsidio gubernamental por acuerdos inconfensables de censura o propaganda a su favor,  los cuales son regalados en su mayoría o desechados como basura por no ser del interés público?

Es evidente que el actual “sistema” -en el entendido de sus elementos políticos, económicos, legales y hasta criminales que la determinan- restringen el libre y pleno desarrollo de la empresa periodística. Existen excepciones y diría ejemplos extraordinarios, citando el caso de Proceso, pero son aislados, que pueden ser ejemplo de sobrevivencia en un contexto adverso para la empresa periodística.  No es la regla.

En esas circunstancias, la peor parte se la llevan los periodísticas -la mayoría, pero no todos-, que de alguna y otra manera, constituyen el eslabón más débil de esa cadena de relaciones y condiciones perversas con las que opere la empresa periodística. Porque cuando la empresa periodística acepta – y muchas veces estimula particularmente- las reglas del sistema vigente, que incluye la censura, la propaganda a favor del gobierno, etc, normal y generalmente, sus resultados económicos son significativos. Pero lo son única y exclusivamente para el empresario, no para el periodista, que de cualquier manera se ve “sometido” a esas reglas.

Aún más, me atrevo a decir que existe -en una vertiente- una precarización inducida desde la empresa periodística de las condiciones socioeconómico laborales del periodista, porque el periodista, por antonomasia, regularmente estará en conflicto con la “línea”  de la  empresa periodística y las reglas del sistema por la simple y sencilla razón de que la sobreexposición del periodista al hecho social, lo hace particularmente sensible a los problemas reales que lo rodean y que le exigen -consciente o inconscientemente, por la naturaleza del estímulo psíquico- el ejercicio del derecho a la libre expresión e información, de tal manera que ni para la empresa periodística ni para el gobierno le resultará cómodo un periodista con condiciones plenas para su desarrollo, muy por el contrario.

Otra vertiente tiene que ver con las condiciones del mercado periodístico. El mismo sistema ha creado tal estímulo a la mediatización de su influencia pública que ha provocado la proliferación de “pequeñas”, “medianas”, “grandes empresas”, “consorcios”, basados en la masificación y profusión del contenido oficial. Tal dinámica ha requerido la contratación igualmente “masiva” de “redactores” transmutados en “periodistas”, cuyo nivel de calificación es bastante baja, tal y como lo exige el mercado.

Por lo tanto, es común que en el contexto mediático veracruzano, haya tal cantidad de “periodistas” que da igual uno que otro y el reemplazo regular de cualquiera, así como el nivel de exigencia salarial demasiado deprimido. Hoy en día cualquier editor, paginador o webmaster puede tener un salario significativo mayor a la de cualquier “periodista”, por la simple y sencilla razón de que existe una sobre demanda laboral del sector y un nivel de exigencia de calificación precario. El marco ideal para el sistema. Masificación y precarización.

Ocurre que la relación ideal de la empresa periodística con el gobierno se rompe, ya sea porque esta decidió un día cambiar su línea y por lo tanto, ser excluida del sistema de componendas; ya sea porque la empresa periodística cometió un “error” informativo o “político”; ya sea porque el gobierno entró en crisis financiera que ha hecho insostenible el flujo financiero regular comprometido y que garantizaba la “bonanza” de la empresa periodística y “la luna de miel”; ya sea porque esta creció acelerada y meteóricamente sin planificar ni prever los riesgos de su débil estructura económica, entre otras circunstancias . En cualquiera de este y otros casos, la contracción del flujo trae como consecuencia el “castigo” al periodista, la presión para que sobre él dependa la sobrevivencia de la empresa con estrategias como “el golpeteo” político que doble las manos al poder público y esto se traduzca en convenios que “realinien” al medio, cuyo resultado es la “desestructuración” del periodista, que se siente utilizado y humillado, despojado de dignidad; en otros casos, la presión radica en convertir forzadamente al periodista -mediante la amenaza laboral- en un “vendedor”  “comisionista” de publicidad o suscripciones -“aprovechando su cercanía con políticos y funcionarios”- y finalmente, el caso más dramático, el despido del periodista.

Lamentablemente, ante este realidad dada, el único derecho oponible del periodista -quien siempre estará en desventaja- es mediante una limitada vía laboral que no dimensiona el carácter democrático de su labor, porque tradicionalmente la empresa buscará “burlar” -estamos en México- hasta donde le sea posible y permisible, sus obligaciones.

Pero el tema es mucho más complejo, como lo mencionaba en líneas anteriores…

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